El Análisis de Sueños en Salud Mental:   La Vida Onírica

 

 

                                              

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*  El dormir, el soñar y la vida onírica

*  Los sueños en la vida y obra de Jung

*  El sueño como autorregulador psíquico (PDF) (En preparación)  

*  Un consejo sobre los “diccionarios de interpretación de sueños”

 

Obra de Mercedes Vandendorpe

 

 

 

                   

 

     

     

 

 

El dormir, el soñar y la vida onírica                                                                                              Volver

Una de las actividades más imprescindibles que el ser humano necesita para subsistir es, sin duda, la de poder dormir. Y digo dormir y no descansar porque, como todos sabemos, el acto de dormir requiere dos aspectos fundamentales: un cambio de ritmo cerebral (que puede ser detectado electroencefalográficamente) y una producción de “actividad onírica” (que es detectado indirectamente por cambios fisiológicos que conforman lo que se conoce como fase REM). Si esto no se produce, el dormir resulta inadecuado y el  individuo no tiene un “sueño” reparador.

 

Bien, fijémonos en que hemos utilizado las palabras “actividad onírica” y  “sueño” para señalar aspectos diferentes. Según esto el “sueño” sería como el acto del dormir y la “actividad onírica” como el acto del soñar.

 

Evidentemente, utilizar la palabra “sueño” con este sentido, al menos en castellano,  es muy común. Decimos, por ejemplo: “tengo mucho sueño”. ¿Pero, porqué decimos entonces eso de: “que tengas un feliz sueño”? ¿A qué nos referimos?

 

Sin duda todos sabemos que “tener sueño” no significa lo mismo que “tener un sueño”. Y que el acto de dormir produce sueños o actividad onírica. Y que no es lo mismo dormir que soñar.

 

Sin embargo, hemos dado tanta importancia al dormir con respecto al soñar que incluso los propios médicos, de una forma completamente desacertada, utilizamos la expresión “trastornos del sueño” para expresar los “trastornos del dormir”.

 

Bien, esto no refleja más que una cosa: que hemos dado mucha importancia a la función del dormir y muy poca a la capacidad de “soñar” o de estudiar nuestros sueños. La documentación científica al respecto habla por si sola. El contenido del sueño es algo aparentemente intrascendente para muchos profesionales de la salud mental. Algo, en mi opinión, completamente impropio para el conocimiento de la actividad psíquica. Ya que, si hay alguna cosa que es imprescindible para mantener nuestro equilibrio psico-físico, esa es el “tener sueños”, es el soñar. Tan imprescindible como el orinar o el defecar.

 

No es por tanto lo mismo el “dormir” que el “soñar”. Y no es lo mismo estudiar la capacidad de dormir o el acto de dormir, que la capacidad de soñar y los sueños que se producen. En estas páginas, por tanto, vamos a ocuparnos del soñar, de sus posibilidades, de sus propiedades o funciones y de, sobretodo, de sus contenidos. Del análisis e interpretación de sus contenidos.

 

El término “vida onírica” surge no sin razón. Ya que, cuando soñamos, no podemos decir que hayamos muertos sino que, muy por el contrario, seguimos viviendo una vida tan extraordinaria y rica como la que tenemos mientras estamos despiertos. De hecho, si no despertásemos, pensaríamos que esa es nuestra “única” vida.  Una vida tan real como otra cualquiera. ¿Cómo no dar importancia, entonces, a una parte de nuestra vida, a una parte de nuestras vivencias o de nuestras experiencias?

 

Pero, ¿qué sucede cuando cerramos nuestros ojos y empezamos a soñar? Entonces parece como si nos trasportásemos a otro mundo, como si fuésemos partícipes u observadores de situaciones totalmente variadas y dispares. Situaciones, a veces, positivas, situaciones bonitas y agradables; otras veces, negativas, situaciones tristes o pavorosas (son las que llamamos “pesadillas”).  Aunque, una u otra pueden ser tan fuertes que, sin duda, nos impactan y nos asombran con su viveza y realidad.  

 

Los sueños nos trasportan desde lo más banal y mundano hasta lo más fantástico y extraordinario. Nos hacen ser lo que no somos, hacer lo que no podemos, decir lo que no pensamos. En definitiva los sueños se nos presentan como algo aparentemente incontrolable por nosotros. Como algo fuera de nuestro dominio consciente o como, si quien estuviese en el sueño, fuese alguien diferente a uno mismo. Tal vez no sabemos lo que significa pero si que sabemos lo que hemos vivido con él. Esa experiencia puede estar escrita en nuestras memorias como cualquier evento de nuestra vida porque forma parte de nuestra historia personal.

 

A veces, y sólo a veces, el soñar se convierte en un “deseo”. Se convierte en un deseo, en una ilusión, al igual que se convierte en la expresión de cualquier actividad psíquica. Y, sin embargo, es también frecuente confundir las palabras “deseo” y “sueño”. Así, decimos: “El sueño de mi vida sería…”, para referirnos a algo que anhelamos.  

 

Es cierto que, en ciertas ocasiones, son los sueños los que nos proporcionan cosas o situaciones que deseamos. Hechos que totalmente se desvanecen en cuanto abrimos los ojos. Pero, independientemente de que ahora no sea el momento de entender el porqué de ello, lo cierto es que no todos los sueños son deseos. También hay pesadillas y también hay sueños completamente intrascendentes. Las mismas situaciones que en la vida no onírica.

 

Bueno, el hecho de que todo sueño no sea en el fondo un deseo, aunque sea inconsciente, es algo que está aún en discusión. Y aquí es donde entramos en las diferencias entre algunas escuelas que tienen a bien ocuparse del análisis de los sueños. Así que, como “cada maestrillo tiene su librillo”, mi opinión es que no hay que igualar sueño con deseo y que sería bueno que empezásemos a pensar que el sueño no es un sucedáneo o subproducto del consciente sino que tiene una “vida propia” y que, en ciertas ocasiones, se adelanta en acontecimientos al mismo o nos marca una pauta a seguir completamente insospechada para nosotros. En el capítulo 5 de la tesis, titulado: “las funciones del sueño” hablo de ello, así que recomiendo dirigirse al mismo para ampliar, en parte, este punto.

 

Nos encontramos, pues, en definitiva, ante una “realidad psíquica” a la que no podemos y no debemos dar la espalda. El soñar forma parte de nuestra existencia, de nuestra experiencia como seres humanos. No sabemos bien que animales sueñan y cuales no, o qué es lo que sueñan. Pero si que sabemos lo que nosotros soñamos. Deberíamos preguntarnos, entonces, muy seriamente, si es irrelevante dejar pasar esta información cuando nos ocupamos de la salud mental de un ser humano.  

 

 

Los sueños en la vida y obra de Jung                                                                                             Volver

 

El capítulo 1 de la tesis titulado: “Sueños, destino y obra de Carl Gustav Jung” está abordado, y así lo hago saber al principio, desde la importancia que los sueños del propio autor tuvieron en su obra.  

 

Una vez se me dijo que algunos capítulos de la tesis parecían “una carta de amor a Jung”. Bueno, yo no sería tan exagerado. Pero si creo que es cierto que la vida de una persona así tiene todo mi respeto y admiración. Y no por los conocimientos, títulos u honores que recibiese; sino porque, a lo largo de su vida, fue un ser humano que se esforzó en entender y expresar lo que su realidad psíquica le manifestaba en forma de sueños, imaginaciones e, incluso, “alucinaciones”. Y yo que me esfuerzo en hacer una milésima parte de lo que el hizo sé lo difícil que resulta.

 

El lector creo que encontrará la suficiente información para, no sólo tener comentarios de primera mano sobre el análisis de algunos sueños sino, también, vislumbrar como el mundo onírico interviene a lo largo de la vida de una persona.  

 

Si uno lee con detenimiento, no este capítulo, sino la propia autobiografía de Jung; puede darse cuenta de que para el autor la vivencia onírica era mucho más importante que los acontecimientos de la vida consciente. Vivencia que, precisamente, fue quien le indujo a profundizar en el alma humana a lo largo de su vida. Es decir, se puede decir que fue un profesional de la salud mental de dentro hacia fuera, desde sus más íntimas vivencias. 

 

No pocas veces se ha dicho que Jung pasó por algunas fases psicóticas a juzgar por sus comentarios entorno a sus experiencias personales y a raíz de algunos de sus escritos de la segunda mitad de la vida. Bueno, estoy seguro de  que en algunas situaciones psicóticas se vislumbra lo que Jung, a veces, percibía. Pero eso no significa patología sino que, en ciertos estados, se accede a un nivel de realidad psíquica que queda algo lejos de nuestra “realidad cotidiana”. Lo patológico está en no poder asimilar ese estado, en que nos desborde y en que trastoque nuestra vida de tal modo que necesitemos ayuda para seguir adelante. Situaciones que, como bien sabemos, nada tienen que ver con la vida de este personaje de la historia. 

 

Jung fue un explorador de la mente. Se arriesgó a meterse donde otros no se atrevieron, se arriesgó a decir cosas que otros ni se lo imaginaban y se arriesgó a querer ser el mismo aunque a veces le costase la soledad y el rechazo de sus colegas.

 

Sus sueños le permitieron realizar “sus sueños”.

 

 

Un consejo sobre los "diccionarios de interpretación de sueños"                                         Volver

 

Un consejo: Si quiere leer libros genéricos tipo diccionario  para saber que significan sus sueños es muy libre de hacerlo pero, por favor, tómeselo como una distracción y no como una orientación para usted ya que, como podrán ver en esta Web, el conocer el significado o sentido de nuestros sueños es algo un poco más complicado. Sin embargo, un aspecto muy diferente es el utilizar diccionarios de símbolos o de mitología, ya que ellos nos aportan un material cultural que, como ya veremos, en algunos casos nos pueden acercar a la comprensión del sueño aunque no nos den la interpretación completa y unilateral del mismo.
 
 

                                                                                                                                                                        

  Dr. Miguel Ángel Sánchez-Quiñones Pérez,  26/07/04                   (Ultima modificación: 19/11/08)